Conjura de charreteras en Venezuela

Una ola de arrestos en Venezuela ha adquirido los rasgos de una purga en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana: nueve imputaciones por instigación a la rebelión faltando poco para los comicios presidenciales.

Escrito el 20 Mar 2018
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El pasado 28 de febrero comenzó lo que observadores políticos describen como una purga extraordinaria en la institución castrense venezolana: el hombre fuerte de Caracas, Nicolás Maduro, expulsó de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a once jóvenes soldados y degradó a trece oficiales de alto rango por presunta traición a la patria y sospechas de espionaje. Días más tarde, el 2 de marzo, nueve uniformados –seis tenientes coroneles, un primer teniente y dos sargentos– fueron llevados ante un tribunal militar e imputados por instigación a la rebelión y actos contra el decoro marcial. Sus nombres se hicieron públicos con inusual rapidez.

Maduro saluda a un soldado durante la ceremonia de celebración del 206º aniversario de la independencia de Venezuela.

El delito atribuido a los últimos fue la fundación de una célula insurreccional bautizada “Movimiento de Transición a la Dignidad del Pueblo”. Maduro ha denunciado intentos frustrados de magnicidio y golpes de Estado en repetidas ocasiones, endilgándoselos a los Gobiernos de Estados Unidos y Colombia; pero, a juicio de Jesús Azcargorta, es apenas ahora cuando cabe hablar de ruido de sables en Venezuela. “Aunque las acusaciones hechas por Maduro en otras oportunidades siempre me parecieron aspavientos, creo que ahora sí estamos ante un fenómeno potencialmente peligroso para él y su entorno”, admite el politólogo de Rostock. San Miguel: “La peor crisis militar desde 1992” “Hay una enorme presión dentro de la FANB que ha ido en aumento en estos dos últimos años, con detenciones, deserciones y numerosas solicitudes de baja de efectivos militares”, comentaba recientemente Rocío San Miguel, directora de Control Ciudadano, una organización no gubernamental especializada en el análisis de asuntos castrenses y de defensa. “Por primera vez en seis años incluyo en mis escenarios un coup d’Etat; no con alta probabilidad, pero sí como una variable en aumento sostenido. Y no necesariamente violento, sino como producto de un acuerdo del chavismo militar en las Fuerzas Armadas”, añadía. “No dudo en señalar que el Gobierno de Venezuela enfrenta la peor crisis militar desde 1992. La del 2002 fue palaciega, de allí la diferencia”, subrayaba San Miguel en otra entrevista con corresponsales de medios extranjeros, haciendo referencia a las asonadas que el teniente coronel Hugo Chávez lideró contra el mandatario socialdemócrata Carlos Andrés Pérez (1988-1993), en febrero y noviembre de 1992, y al golpe que sacó al propio Chávez de la presidencia durante 48 horas, en abril de 2002. La periodista Sebastiana Barráez, quien cubre la fuente militar para varios medios locales, comparte la impresión de Rocío San Miguel. Barráez: “No hubo una rebelión flagrante” “Esta serie de arrestos es la más significativa desde 1999, cuando Chávez ascendió a la jefatura del Gobierno venezolano, porque los oficiales detenidos no son opositores antichavistas. Al contrario, tengo entendido que ellos admitieron el motivo que los llevó a conspirar: su deseo de rescatar la ‘Revolución Bolivariana’, tal como la impulsó el difunto Chávez. No se registró un acto de rebelión flagrante, pero, gracias a la delación de una subalterna, la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) se percató de que el teniente coronel Igbert Marín Chaparro había asumido una postura crítica de cara al status quo y le siguió la pista”, dice Barráez. Según la comunicadora, la DGCIM arrestó a decenas de uniformados. Aunque algunos han sido liberados, muchos están en la mira por asociación y siguen detenidos. Los nueve oficiales llevados ante la Justicia castrense egresaron juntos de la academia militar; todos pertenecen a la promoción de 1999. De ellos, los más conspicuos son Marín Chaparro, jefe del Batallón de Ingeniería Motorizada Juan Pablo Ayala –el principal de la capital venezolana–, y el teniente coronel Erik Peña, director de administración del Hospital Militar de Caracas. Marín Chaparro fue secretario privado de Chávez y Peña, director de secretaría de los servicios secretos. Rodríguez Torres, un chavista incómodo Peña trabajó directamente bajo las órdenes del mayor general Miguel Rodríguez Torres, quien se convirtió en un funcionario incómodo para Maduro tras haber dirigido el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y el Ministerio del Interior. Rodríguez Torres coqueteó con una candidatura presidencial y creó su propio partido político, el Movimiento Amplio Desafío de Todos; se unió recientemente al Frente Amplio Venezuela Libre, convocado por la oposición antichavista; y terminó siendo arrestado también el pasado 14 de marzo bajo el cargo de complotar contra el Gobierno de Maduro. “Era previsible que lo detuvieran”, esgrime Barráez. “Rodríguez Torres y los oficiales arrestados el 2 de marzo coinciden en algunos puntos; ninguno de ellos se identifica como antichavista y todos rechazan a Maduro porque, a sus ojos, Maduro ha sacrificado la ‘Revolución Bolivariana’ para mantenerse en el poder. La oposición antichavista ha hecho todo el ruido posible para que se respeten los derechos humanos de Rodríguez Torres porque, cuando éste se unió al Frente Amplio Venezuela Libre, él fortaleció a esa red que busca restaurar el orden constitucional en el país. Pero Rodríguez Torres no es antichavista”, enfatiza la periodista, quien escribe para los medios Quinto Día y Punto de Corte. Azcargorta: “El militar venezolano sólo vela por sus intereses” “El dictador cubano Fidel Castro se deshizo de Camilo Cienfuegos y del Che Guevara cuando ellos empezaron a poner en entredicho su autoridad, y el líder nicaragüense Daniel Ortega purgó al Frente Sandinista de Liberación Nacional cuando las facciones moderadas empezaron a causarle problemas. Así que yo no niego que el oficialismo venezolano esté tratando de amordazar a los rebeldes en sus filas para evitar que una astilla de su tronco se desprenda y se una a sus adversarios. Lo que yo destaco es que, de momento, no hay manera de saber a ciencia cierta si los detenidos conspiraron por motivos ideológico-políticos”, apunta Azcargorta. “Los niveles más altos de la jerarquía castrense han sido los grandes beneficiarios de la ‘era chavista’; es perfectamente posible que otros estratos de la clientela militar estén descontentos y quieran obtener un pedazo más grande de la torta de privilegios. No dudo que los oficiales detenidos este mes tengan subalternos leales; pero creo que si a esas tropas les asignan un nuevo comandante y les conceden beneficios que no tenían antes, lo más probable es que se queden tranquilos. El militar venezolano sólo vela por sus intereses personales. Cuando a los militares les va bien, no hay ideología que los mueva a la acción”, opina Azcargorta, autor de Los partidos monopólicos latinoamericanos. Evan Romero-Castillo (ELM)
Agencia Noticias DW
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